Una botellita de aceite

Era madre primeriza y mi hijo estaba en un centro de cuido mientras trabajábamos mi esposo y yo. Recuerdo que era una tarde lluviosa; salía de mi trabajo a las 5:00 p.m. y tenía hasta las 6:00 para recoger a mi bebé. Iba en el tren esperando llegar a la estación Deportivo en Bayamón – el recorrido tomaba más o menos media hora. Así que, venía pensando qué debía cocinar. Para todo lo que se me ocurría necesitaba aceite y no tenía en la casa. Así que me disponía a recoger a mi hijo y luego ir al supermercado para comprar el aceite. Cada vez el aguacero era más fuerte y solo pensaba que no sería posible hacer lo que quería porque mi bebé (de unos siete meses) ya estaría conmigo. ¿Cómo lo haría? Sacar al niño, arroparlo bien y cuidarlo de que no se mojara, agarrar el paraguas, mi cartera… en fin todo un lío.24664706.jpg

Llegué a la estación y cuando bajaba las escaleras eléctricas me di cuenta que había una compañía dando muestras de una promoción. No podía distinguir de lejos qué era lo que regalaban. Cuando fui acercándome a la salida, una chica me dice: “Llévese esta botellita de aceite de oliva extra virgen”. Llevaba mucha prisa, pero esas palabras me hicieron detenerme un poco y dar gracias a Dios… y luego una de mis amigas que iba en el tren también me regaló la suya. Dios tomó ese día específicamente para enseñarme una gran lección: Él es mi papá y, por tanto, provee para mis necesidades. Este aspecto es muy importante para cualquier persona. Una vez escuché que dependiendo cuáles hayan sido las experiencias que tuviste con tu padre terrenal, así verás tu relación con tu Padre Celestial. ¿Cómo vemos a Dios? ¿Le vemos como un padre injusto, duro y distante o justo, compasivo y cercano? Mi experiencia con mi padre terrenal fue muy corta, aún cuando le amé mucho, fue muy limitada y en la familia hubo un caos. Pues Dios tuvo que fortalecer en mí esa visión de Padre/hija. Pasé años entendiendo esto y mirando a Dios como ese papá cercano, que escucha, que no me deja sola ni un solo instante. Aprendí a escucharle decir… ¿Qué necesitas? ¡Recuerda que eres mi hija y yo soy tu papá!

Ese día en que necesitaba aceite, mi Papá proveyó de la forma más loca – la que menos me imaginaba. Dios conoce tus necesidades, así como conoce la de todos sus hijos. He visto milagros tremendos, provisión del Señor para mis necesidades y la de mi familia. Iré contando algunas de ellas a través de mi blog. El Señor me ha dicho, escribe y eso es lo que voy a hacer. ¡Una botellita de aceite!

DeliBer

Legado

Estaba leyendo en Deuteronomio 6 cuando el Señor le habla a los israelitas dando unos mandamientos acerca de lo que harían para recordar su Palabra. Le dijo “ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Siempre me gustan los verbos que aparecen porque revelan la importancia de esa palabra que Dios les estaba dando… “grábate, incúlcaselas, háblales, átalas, llévalas y escríbelas“. ¡Qué tremendo! Primero les dijo grábalas en tu corazón; deben estar ahí primero, repítela a tus hijos (incúlcasela, enséñala), háblales continuamente; ¿cuándo? En la casa, en el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Ahora, no solo era grabarla, repetirla, sino atarla como un símbolo, ponerla en la frente como una marca y en la puerta de la casa y de la ciudad. Es que, claro, somos olvidadizos; se nos olvidan fácilmente las cosas.

Cuando se nos recalca algo, no una, sino varias veces – eso nos deja claro la importancia del mensaje que Dios quería transmitir. Jesús, en Mateo 22:37-39 menciona este mandamiento como el más grande mandamiento. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Por eso la importancia de grabarlas, hablarlas, atarlas, llevarlas y escribirlas. 

Pero, ¿qué legado están recibiendo nuestros hijos y la próxima generación? Parece que se nos ha olvidado el más grande mandamiento y el segundo también. Amar a Dios y amar al prójimo… Amar a Dios primeramente, pero después a los que me rodean. ¿Qué están mirando ellos en nosotros? ¿Qué están recibiendo?legado

El otro día mi hijo menor me observaba cómo resolvía un asunto y luego conversábamos al respecto. Fue una situación incómoda en la que Dios me recordaba, “mira a esa persona como la miro yo”. Sentía que mi corazón dictaba mi acción. Y luego pensaba que más que una lección de amor para mí, ésta era para mi hijo. ¿Qué resolución has hecho para este Nuevo Año 2019? Te daré unas ideas…

  • Grábate, incúlcaselas, háblales, átalas, llévalas y escríbelas (Deuteronomio 6:5-9)
  • Ten a mano tu agenda – planifica cada semana. Sé intencional en lo que planificas y sigue el plan a menos que Dios quiera alterarlo.
  • Devocional diario – esto es algo que, después que te acostumbras, verás la delicia que es comenzar cada día con el refrescar de su Palabra.
  • Recuerda a la gente que te rodea… los vecinos, tus compañeros de trabajo, ¡tu familia! Pasa tiempo con ellos.

La palabra mía para este año es LEGADO.

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Relación permanente, no intermitente

Imaginemos un escenario donde hay mucha gente enferma, con condiciones muy difíciles de tratar o enfermedades terminales. Viví una situación así hace varios años en el Hospital Centro Médico de Puerto Rico. La sala de emergencias de este hospital recibe los casos más graves que podamos imaginar. Esa noche se me hizo eterna viendo desfilar muchísima gente al borde de la muerte y escuchando el llanto de familiares porque uno de los que estaba allí había fallecido o su situación era muy grave.

Juan 5 narra una historia de un lugar que estaba lleno de enfermos y sucedía de tiempo en tiempo que un ángel agitaba las aguas del estanque y aquel enfermo que entrara primero en las aguas era sanado de cualquier enfermedad. Ahora, ¿quién tenía ventaja sobre los demás a la hora de entrar a las aguas? Aquel que no era cojo ni ciego tenía cierta ventaja. Recordemos que era el primero que entraba a las aguas. Esta experiencia intermitente en la que “de tiempo en tiempo” sucedía algo sobrenatural nos habla a nosotros hoy. ¿Cómo vivimos nuestras vidas? A veces vivimos vidas intermitentes en el Señor. Un día sí y otro día no. Un día estoy comprometido y el otro día ya me pesa el compromiso. Es como si estuviésemos esperando esa experiencia intermitente, de tiempo en tiempo, para que algo suceda.

Dios nos invita a tener una relación permanente, no intermitente. Él no quiere “los de vez en cuando”, “los quizás”, o “tal vez”; el Señor desea nuestro tiempo. Vayamos al encuentro diario con nuestro Señor…

  • Sé intencional. Ponlo en agenda y hazlo una prioridad en tu vida
  • Toma tu Biblia y refresca tu vida en su lectura – “Pon tu delicia en el Señor y él te dará las peticiones de tu corazón”.
  • Selecciona un devocional
  • Siempre ora antes de salir de tu casa. Presenta tu día al Señor.

Relación permanente, no intermitente

DeliBerr

50.0

Hace unos días viajé desde Georgia a Puerto Rico. Estuvimos visitando a mi familia y el tiempo fue hermoso, refrescante y necesario. Nos habíamos asegurado de pesar las maletas antes para no excedernos del peso reglamentario (50 libras/23 kg.), pero al final tuvimos que meter unas cositas que se quedaban fuera, así que no tenía idea de cuánto pesaban las maletas! Aunque sabía que más o menos pesaban 50 libras, no estábamos seguros de su peso final. Cuando llegamos al aeropuerto, fuimos a la línea aérea y pusimos la primera maleta, pero antes mi hermana Sandy oró, “Señor te pido que las maletas pesen 50 libras exactas o menos…” Cuando vimos cuánto marcaba la báscula, fueron exactamente 50.0 libras. Mi hermana y yo nos miramos. Luego venía la próxima maleta y la báscula nuevamente marcó 50.0! Ni una onza más ni una onza menos.

Pensaba en esta experiencia y en lo hermoso de nuestro Dios. Tan solo un objeto o una pieza de ropa podía hacer que el peso variara, pero no sucedió así. En su lugar vimos una vez más cómo Él nos sorprende, aún en las pequeñas cosas. Miro esta experiencia recordando el pasaje de Lázaro y el momento de su muerte y ya en la sepultura. Habían pasado cuatro días, no uno ni dos, sino cuatro! ¿De qué manera puede ser que Jesús llegara a tiempo? Según nuestro razonamiento humano, Jesús estaba tarde! Lázaro ya hedía y su cuerpo había comenzado a descomponerse. Nuestro pensamiento no da para tanto, nuestra humanidad nos grita que no hay posibilidades, pero la fe actúa de forma diferente. Dios ha dicho y Él hará. Creámosle, adorémosle en el valle de la decisión. Hagamos una elección.

Desvíos sí… shortcuts no

Hoy mientras regresábamos de Madrid (unas cinco horas en coche) observábamos un enorme tráfico (por dos horas) en sentido contrario. Al llegar a Jaén nos encontramos con ese tráfico, pero en nuestro sentido de marcha… Estuvimos atascados un rato y pusimos el GPS (que le hemos llamado Amanda) para ver si nos daba otras opciones… y lo hizo! Nos metió por esas carreteritas a través de pueblitos que nunca habíamos visto (hermosos paisajes). Mirábamos embalses, pequeños castillos, acantilados, cruces de provincias. Tomamos otro desvío por necesidades fisiológicas y encontramos otra carretera pequeñita que nos llevó hasta este embalse (jamás lo hubiéramos descubierto!!!). Comenzaba a caer la tarde y el sol iluminaba el agua y creaba una línea de luz sobre ella. ¡Qué hermoso! Dios nos estaba regalando una estampa sin igual. Este camino parecía “tierra de nadie” y los niños se pusieron nerviosos. (¡yo también!) Pero al final de la carretera llena de hoyos, había un letrero que leía Granada a la derecha y Jaén a la izquierda.

Pensaba en que así nos sucede en nuestro caminar. Nos trazamos una ruta, ya tenemos un plan hecho y, de repente, algo altera ese camino. Dios abre otras rutas, otras veredas que desconocíamos, pero que en ellas ha prometido estar con nosotros, no dejarnos, no soltarnos – ¡estamos en su noticia! Pienso y me maravillo de lo que Dios hace – y cuando me llegan preguntas del futuro, recuerdo que ya Dios ha estado allí y descanso en SUS manos, SU amor y SU plan.

Perdidos